«

»

Imprimir esta Entrada

Perros de mi ciudad

Me encantan los perros, desde siempre.

Cuando voy por la calle y veo uno, si tengo la oportunidad me acerco a acariciarlo (que es básicamente siempre). Dos de mis razas favoritas son, en orden, el Akita Inu y el Shar Pei, y aprovecharé para hablar brevemente sobre ellos.

El Akita Inu, originario de Japón, es una de las razas más antiguas conocidas, se conoce su existencia desde hace más de 3000 años, aunque debido al aislamiento de su pueblo natal, su origen es un gran interrogante. Tienen un carácter calmado, silencioso y reservado, no suelen ladrar a no ser que tengan una buena razón, por ello cuando un akita ladra hay que prestarle atención; son una raza muy leal a su familia, protectora y amistosa con la gente en general a no ser que demuestren malas intenciones. Casi llegan a desaparecer, ya que durante la Segunda Guerra Mundial la policía ordenó que capturaran a todos los perros excepto al pastor alemán. En España están considerados como una raza potencialmente peligrosa por el Real decreto, tan solo por su tamaño y por la forma de su mandíbula, pero a mi eso me parece una tontería, ya que los perros por sí solos no son agresivos con la gente a no ser que se les hagan responder de esa forma. El más célebre es el akita llamado Hachiko, conocido como “el perro fiel Hachiko”; es famoso por haber esperado a su amo ya fallecido en la estación de Shibuya (donde hay una estatua en su honor), durante 9 años hasta el día de su muerte. Por desgracia, solo he llegado a ver uno en toda mi vida, pero no llegué a tocarlo.

La historia de los Shar Pei podría comenzar con la dinastía Han en China (desde el 206 antes de Cristo hasta el 220 después de Cristo), así pues, estamos hablando de una de las más antiguas razas existentes. El nombre viene de dos ideogramas chinos: “sha”, que significa “arena”, y “pi”, que significa “piel”, es decir “piel de arena”.

Esta raza se utilizó como guardián de tumbas en sus orígenes. En la década de los años 60, estuvo a punto de desaparecer a causa de la persecución del régimen comunista de la República Popular China contra los animales de compañía, a los que consideraba símbolos de la burguesía y un derroche innecesario de comida.

En 1978 fueron nombrados como la raza de perro más rara del mundo por Time y el Libro Guinness de los Récords. Destaca por su temperamento sereno y equilibrado; es un animal independiente y de un solo amo. Dependiendo del animal y su crianza, en ocasiones puede parecer autista.

Y bueno, como me encantan estos animales decidí elegirlos como tema de este trabajo, y salí junto a mi hermana en busca de algunos para sacarles fotos.

Empezando por mi perra, Kika.

En el 2010 mi familia y yo fuimos a visitar a la familia de mi madre en Polonia, después de muchos años sin verles. Cuando llegamos a casa de mi tía nos encontramos con una pequeña chucha color canela, llamada Sonia, y un Beagle blanco con manchas canela llamado Max. Y nos fijamos, que detrás de Sonia venía el cachorro de Max y de ella, de tan solo 2 meses, en seguida nos enamoramos de ella y pasamos las vacaciones jugado con ella en el jardín. Al irnos, a cambio de 3 céntimos, nuestra tía nos dejó llevárnosla. Y así han pasado 7 años ya.

Al salir de casa el primer perro que nos encontramos fue este precioso Beagle, llamado Max.

Lo poco que estuvimos con él nos demostró que era muy cariñoso, obediente y calmado. Solo fueron 5 minutos, pero ya me lo quería quedar, aunque a Kika no le cayó demasiado bien.

Y esta es Kira, no sé de que raza será, pero su dueña tuvo que ponerse detrás de mi para poder sacarle la foto de frente ya que no paraba de mirar la empanadilla que esta llevaba en la mano.

Esta es Eugenia, ni su dueña ni yo sabríamos decir exactamente de que raza es, pero es amiga de Kira, y como ella, se quedaba mirando cualquier cosa excepto la cámara, pero en este caso a mi hermana.

De este perro no llegué a saber el nombre porque el dueño tenía prisa. Pero era muy tranquilo y obediente, se quedó inmóvil mientras sacaba la foto.

Kiko y Cuchi, a estos dos era casi imposible pillarlos quietos, pero después de varios intentos, lo conseguí.

Este es Bosco, el perro de los dueños de Idiomas Flow, mi academia de inglés.

Es un teckel muy vivaracho y cariñoso, con que te asomes a la oficina de su dueña y le llames, viene corriendo a saludarte; parece que la gente se apunta a la academia por él. A mi me encanta estar un rato con él al acabar las clases porque te transmite su energía y felicidad.

El grandote de Golfo, que para nada es lo que significa su nombre. Recuerdo que es el perro de un excompañero mío de clase. Es muy grande, pero más manso y mimoso que cualquier otro perro. Hace unos años tenía un bulto raro en la pata delantera, pero se lo quitaron y ahora está mejor.

En resumidas cuentas, me encanta Golfo.

Y por último pero no menos importante, dos de mi favoritos, a los que me encanta encontrarme de vuelta a casa al salir del instituto.

La Beagle se llama Ceres, de primeras parece inmóvil y es muuuy silenciosa. Mientras le des mimos. Porque si paras intentará llamar tu atención de cualquier forma para que sigas acariciándole, y en la foto se puede apreciar el momento justo antes de ladrar. El lunes me la encontré con ese cono porque resulta que le han quitado un tumor del abdomen y lo lleva para no rascarse o lamerse la herida.

Su amigo es Pasha, no sé de que raza es, pero es adorable. Aunque tenga cara de buenecito en la foto, es como Ceres, tal para cual. Préstale más atención a su amiga y empezará a ladrar.

Pero vamos, que son muy amistosos, sobretodo con los niños, y espero verles al salir del instituto durante mucho tiempo.

Julia Sanjuán Mszanik

4ºESO

Enlace permanente a este artículo: http://iesmh.edu.gva.es/unrayoquenocesa/2018/02/perros-de-mi-ciudad/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *