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Una de las bibliotecas más pequeñas del mundo: la biblioteca del pabellón 31 de Auschwitz.

 

Dita Kraus

Biografía (wikipedia)

Dita Kraus nació en Praga en 1929 y vivió allí hasta los 9 años, cuando la invasión nazi de la ciudad la obligó a mudarse. A los doce años fue trasladada a Terezín , al campo de concentración de Theresienstadtluego deportada en 1943 a Auschwitz. Allí conoció a Fredy Hirsch, un judío que organizó una escuela para niños en el campo familiar BIIb de Auschwitz II-Birkenau, y que incluía una biblioteca clandestina formada solamente por ocho libros. Dita fue la encargada de cuidar y esconder esos ocho libros para que los nazis no los descubrieran.

En 1944, 3.000 prisioneros del campo familiar fueron asesinados en las cámaras de gas, entre ellos muchos niños de la escuela y Fredy Hirsch (que murió horas antes debido a una sobredosis de calmantes).

En 1944 Dita fue llevada al campo de concentración Bergen-Belsen , y luego liberada por las fuerzas aliadas en 1945.

En Auschwitz conoció al escritor Otto Kraus (Ota Kraus) con quien se casó en 1947.

En 1949 la pareja y su hijo Peter-Martin se mudaron a Israel. En 1951 nació su hija Michaela y en 1957 Ronny.

Ota falleció el 5 de octubre del 2000.

La señora Kraus vive en Israel.

Antonio Iturbe ha escrito  una novela La bibliotecaria de Auschwitz,tras cuatro años de investigaciones.

Si queréis leer una entrevista con el autor, os remitimos al siguiente  blog :

http://blog.hola.com/elprimermarcapaginas/2013/06/la-bibliotecaria-de-auschwitz-antonio-iturbe.html


El periodista y escritor español Antonio G. Iturbe ha contado su historia en la novela La bibliotecaria de Auschwitz con la que ganó en el 2012

 

Los que hemos tenido la suerte de conocer a Antonio Iturbe -aunque sea de forma breve y casi siempre epistolar, como es mi caso- sabemos que es una persona intensa, vital y apasionada.  Por eso, no es nada extraño que sea alguien inspirado en  Dita Kraus la protagonista de su novela “La bibliotecaria de Auschwitz”, un ser humano que ayudo a los que la rodeaban a soñar, a seguir adelante en medio de un infierno y a creer que merecían tener un futuro.

Dita es una chica de trece años que se encarga de custodiar de forma clandestina en Auschwitz-Birkenau un fondo de ocho libros.   Esta  historia, tan increíble como real, es la que nos regala y nos relata Antonio Iturbe (1967), director de la revista de libros Qué Leer, y autor de la novela de humor ‘Rectos torcidos’ y de los libros, de genero infantil, ‘Los casos del Inspector Cito’, donde reúne las historias que leía a su hijo antes de ir a dormir.   Una trayectoria tan ecléctica como interesante.  E intuyendo a Toni, sabemos que de él lo mejor aun está por llegar…

Antonio G. Iturbe

- Emprender la aventura de escribir un libro siempre es tarea ardua, pero afrontar un relato tan intenso como el de La bibliotecaria de Auschwitz ha debido constituir un reto aun mayor por el trasfondo de la historia y de la Historia.  ¿Cuáles ha sido los mayores inconvenientes para ti en su redacción, y también qué te ha podido regalar a nivel personal?

Lo más difícil fue dar con la manera de explicar una historia real de manera que llegase a la gente. Primero quise hacer un relato de no ficción y después de un año largo, acabé tirando a la papelera una versión de 300 páginas y empecé de cero. Había puesto sobre el papel los hechos, los datos y las fechas… pero era un acta notarial. No había logrado hacer emerger la emoción y la entrega de aquellas personas. Y, al final, encontré el camino en la novela. A nivel personal han sido años de aprendizaje muy intensos, y la lección extraordinaria de que en medio de la oscuridad puede encenderse una luz, si tenemos la entereza suficiente para rascar la cerilla.

 

–  Un conflicto bélico saca lo mejor y lo peor de cada ser humano, desde pruebas de amor hasta muestras de odio y saña indiscriminadas.  Dita Kraus y otros como ella son llamadas a la esperanza.  ¿Cómo llegas a conocer a este personaje y decides narrarnos su historia?

Fue un azar. Leyendo un libro sobre bibliotecas habidas en la historia, Alberto Manguel mencionaba en unas líneas que hubo en Auschwitz una pequeña biblioteca oculta en un barracón. Ese fue el hilo y después la documentación, los viajes y el azar fueron llevándome al ovillo. La muchacha que manejaba aquellos libros con 14 años estaba viva y a sus 80 años estaba (y está) absolutamente lúcida y es una mujer extraordinaria.

 

– El personaje de Dita Kraus es de esos que perduran en la memoria de los lectores por su fortaleza.  ¿Qué te gustaría que quedara en cada lector tras la lectura de  La bibliotecaria de Auschwitz?

Que hay que resistir a los miserables con todo ahínco pero usando nuestras armas, no las suyas. La inteligencia, la perseverancia, el sentido, la entrega, el valor… si usamos la violencia y la crueldad para combatirlos seremos como ellos y, entonces, sea cual sea el resultado de la contienda, ellos habrán vencido. Porque el ganador de esa batalla, sea del bando que sea, siempre será el odio.

 

–  Un libro es un objeto capaz de provocar guerras o de crear amor, no tenemos más que ver la Historia, en donde no ha habido periodo en el que no se hayan creado hogueras para inmolarlos en nombre de dioses y hombres.  Para alguien como tu que vive por y para los libros, ¿qué significado crees que tienen, por encima de consideraciones culturales o estéticas?

Los libros, las historias alrededor del fuego, son una máquina de multiplicar vidas. El hombre tiene una vida minúscula, fugaz, un parpadeo que apenas da para ver unos pocos lugares de los billones de parajes del planeta, tener unas cuantas experiencias intermitentes y conocer superficialmente a un puñado de personas. El relato ensancha la vida exponencialmente y hace que su cuenco casi vacío se llene de vivencias extraordinarias.

 

–  La frase infame que presidía la entrada al campo de concentración de Auschwitz era “El trabajo os hará libres”.  En otro infierno, el de Dante, rezaba “Los que entráis aquí abandonad toda esperanza”.   Los libros se burlan de ambas, ya que sin duda sí que conceden libertad y esperanza, ¿de qué nos van a salvar los libros en este siglo XXI?

Los libros no pueden salvarnos de nada. Son una herramienta. Un libro es como un martillo: con él puedes construir una casa para guarecer a tu familia o reventar la cabeza a una persona inocente. Depende de lo que tu mano haga con lo que tiene entre los dedos. Los libros nos ofrecen vivencias, información, experiencias… pero hemos de ser nosotros quienes decidamos qué hacemos con todo eso.

- ¿Tienes algún proyecto en perspectiva del que nos puedas adelantar algo?

Justo ahora estoy en un momento de gran desorientación y desánimo. Quizá debería dejar de escribir y ponerme a leer. Quizá debería ponerme a caminar.

–  La pregunta del millón, tan simple como complicada y reveladora en ocasiones…: ¿por qué escribes?

Supongo que escribo por una razón bastante peregrina: el creer que se puede parar el tiempo. Tienes la ilusión de que lo que pongas sobre un papel quedará ahí para siempre y el tiempo no lo borrará. Crees que siempre podrás volver a esa página y recuperar ese momento en su más absoluta precisión y frescura, como si engañáramos al deterioro del tiempo. Por eso se escriben poemas, para que ese hermoso estallido sentimental tan extraordinario que provoca un enamoramiento, un desengaño o una puesta de sol, quede fotografiado sobre el papel y no se deshaga en el olvido. Creemos que las historias, las ideas, las emociones, los momentos… quedarán resguardados en el papel y nunca se marchitarán. Y a eso dedicas la vida… bastante absurdo, supongo. Tan absurdo como el afán de cualquier vida.

 

Nos ha impresionado esta fotografía encontrada en el blog http://elventano.blogspot.com.es/


 

 

 

 

 

 

Niños en el campo de concentración.

La biblioteca del pabellón 31 de Auschwitz

Fue un pequeño espacio luminoso en medio de la noche de Auschwitz. En aquella factoría de la muerte hubo una minúscula y secreta biblioteca que llevó algo de vida y esperanza a sus moradores. Fueron ocho libros escondidos entre los tablones de un infausto barracón que pasaron por las manos de prisioneros y prisioneras gracias a una muchacha de 14 años, Dita Kraus.

 

Eran sobre todo niños y niñas, criaturas que estaban encerradas en el barracón infantil del campo de extermino, el número 31. Un pabellón pantalla creado por los nazis como guardería y escuela para humanizar el campo ante la posible inspección de la Cruz Roja Internacional.

 

En un infierno en el que la vida no valía nada, los libros, cuya tenencia se pagaba con la muerte, eran objetos preciosos y moneda de pago. Nadie sabe muy bien cómo Dita acabó administrando una biblioteca secreta, rara y vivificante.

 

En aquella biblioteca de la noche solo había tres novelas ‘El conde de Montecristo’, de Alejandro Dumas; ‘Las aventuras del bravo soldado Svejk’, de Jaroslav Hasek, y una novela rusa sin cubierta que nadie acierta a identificar. Había además un atlas universal, una gramática rusa, un tratado elemental de geometría y un ensayo, ‘Los nuevos caminos de la terapia psicoanalítica’ de Sigmund Freud.

 

Una selección fruto del azar pero que, según explica su cuidadora seis décadas después, “sirvió para acercar la normalidad a unos niños que no podían volver a la escuela”. Dita Kraus es hoy una octogenaria que vive en Israel. Era una judía de Praga que perdió a toda su familia en el campo de exterminio nazi al que fueron llevados.

 

 

 

 

Enlace permanente a este artículo: http://iesmh.edu.gva.es/unrayoquenocesa/2013/11/una-de-las-bibliotecas-mas-pequenas-del-mundo-la-biblioteca-del-pabellon-31-de-auschwitz/

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